miércoles, 8 de abril de 2015

Pequeño suplicio

Cuando llegas a la sala de oncología y ves a las demás personas piensas: todos están aquí por lo mismo, todos tienen cáncer o lo han tenido en algún momento, o están como yo, la primera vez allí, algo perdida y mirando a todas partes. A raíz de ese día fue cuando me decidí a crear este blog, porque cuando aún esperaba a ser atendida por mi oncóloga llegaron varias voluntarias de la asociación del cáncer. Solo fueron a ofrecer a los enfermos un té o un café, algo tan simple, pero que a mí me llegaron al corazón. Ese día pensé que yo también quería ayudar de alguna forma. Y aquí estoy.
Cuando por fin me toco entrar, me encontré con una doctora maravillosa, muy positiva con mi caso y realmente salí de allí muy contenta y más llena de esperanzas. Ella me mandó más pruebas, ecocardio, prueba respiratoria y una biopsia del hueso, protocolo que se debe hacer antes de empezar el tratamiento. Todas las pruebas fueron muy rápidas, en 3 días era la biopsia del hueso. Una prueba muy dolorosa para mí. 
Primero me acosté en una camilla de espaldas y me pusieron la anestesia, ¡hicieron un corte para que la aguja entrara! Ya podrán imaginar el tamaño que tendría esa cosa..., y por fin introdujeron la aguja, no era dolor lo que se sentía, era molestia, desagradable, pero se soportaba muy bien, pero cuando sacaron la aguja, ¡no lograron sacar la muestra de hueso! Al parecer tengo los huesos muy duros, algo bueno dijeron, pero por culpa de eso les costé mucho. Volvieron a intentarlo una y otra vez, perdí la cuenta, pero ocho veces seguro que fueron, llegó un punto en el cual la anestesia dejó de hacer efecto y ahí fue cuando me empezó a doler, un dolor que se traspasó a toda la espalda y en toda la pierna, ¡y otra vez no lo lograron! Por suerte me pusieron de nuevo anestesia y a la siguiente vez lo lograron y además no dolió nada. No se asusten con esta prueba porque realmente no duele tanto, solo es molestia como puse al principio, soy yo, ¡que tengo muy mala suerte con las pruebas!
A los dos días era la biopsia del cuello, el segundo intento, ya que ya habían abierto con anestesia local y el bulto era muy profundo y en una zona muy delicada, y por eso el segundo intento debía ser en cirugía general. Así el 4 de marzo a las 11 de la mañana ya estaba allí, me habían acompañado unos amigos en todo momento y familia que no es de sangre, pero como si lo fueran. Ese día iba muy tranquila, sabía que no sentiría nada, que de pronto me dormiría y luego despertaría y así fue. Me entraron a las 12, conocí a los que estarían conmigo en la operación y a la cirujana. Y luego me entraron a quirófano, estaba allí viendo como me colocaban algunas cosas y de pronto abro los ojos y me estaban moviendo en una cama para llevarme a observación. Pregunté a alguien, y este me dijo que ya había salido y que todo había salido muy bien. Yo lo primero que dije fue: "¡Esto es imposible! Si aún no me he dormido, no me enteré de nada." Cuando estaba en la cama escuche de fondo que eran las 2 de la tarde, pensé que habría escuchado mal porque era imposible. Pero no, ¡la operación duró dos horas! Y aparte de eso me tuvieron allí hasta las 5 de la tarde que fue cuando me dieron el alta.
A la semana siguiente me dijeron que ya sabían qué tipo de Linfoma de Hodgkin tengo y ya me llamarían para ingresar, sí, en mi primera quimioterapia debía estar ingresada dos días.
Y en dos días ya me habían llamado, al día siguiente ingresaba, ¡tan rápido!

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